El utilitarismo dice que el valor moral de una acción depende de sus consecuencias: lo correcto es lo que aumenta el bienestar y disminuye el sufrimiento, contando por igual los intereses de todos los afectados. Su pregunta central es: ¿qué elección produce el mejor resultado en total? Esta idea sencilla tiene implicaciones fuertes, porque exige imparcialidad, acepta comparar ganancias y pérdidas entre personas y puede generar deberes morales exigentes, como donar buena parte de lo que tenemos.
Surgió en la Inglaterra de fines del siglo XVIII con Jeremy Bentham, quien quería reformar leyes y cárceles midiendo el placer y el dolor. John Stuart Mill refinó la teoría, distinguiendo placeres superiores e inferiores, y defendió la libertad individual y la igualdad de las mujeres. Henry Sidgwick le dio su forma académica más rigurosa. Hoy Peter Singer aplica este razonamiento a la pobreza global y al trato a los animales, e influye en el movimiento del altruismo eficaz y en los debates de bioética.
Ideas centrales
Lo correcto es lo que produce más bienestar y menos sufrimiento en total.
Los intereses de cada ser afectado cuentan por igual.
Las consecuencias de las acciones importan más que las reglas fijas.
Para empezar a leer
El libro de entrada de cada pensador, elegido para quien empieza.