El existencialismo afirma que el ser humano no tiene una esencia prefijada que defina de antemano lo que debe ser. Cada persona se hace por las elecciones que toma y, por eso, es responsable de ellas. Su pregunta central es: ¿cómo vivir con sentido en un mundo que no ofrece respuestas garantizadas? La libertad, la angustia, la muerte, el absurdo, la autenticidad y la soledad pasan al centro de la reflexión, siempre a partir de la experiencia vivida y no de sistemas abstractos.
Sus precursores fueron Kierkegaard, que defendió la elección personal y la fe frente a los grandes sistemas, y Nietzsche, que anunció la muerte de Dios y el desafío de crear valores. El término se hizo famoso en Francia tras la Segunda Guerra con Jean-Paul Sartre, para quien la existencia precede a la esencia. Albert Camus pensó el absurdo y la rebelión. En el mundo hispánico, Miguel de Unamuno escribió sobre el sentimiento trágico de la vida, José Ortega y Gasset propuso la razón vital y María Zambrano, la razón poética.
Ideas centrales
La existencia precede a la esencia: cada uno se hace por sus propias elecciones.
Somos libres y, por eso, responsables de lo que hacemos.
El sentido de la vida no está dado: hay que asumirlo o crearlo.
Para empezar a leer
El libro de entrada de cada pensador, elegido para quien empieza.