El aristotelismo parte del mundo concreto: para entender algo hay que preguntar de qué está hecho, qué forma tiene, qué lo produce y para qué sirve. Cada ser tiene una naturaleza y un fin, y la vida buena consiste en realizar bien la naturaleza humana mediante las virtudes. La escolástica, método de las escuelas medievales, aplicó esa lógica rigurosa a una gran pregunta: ¿cómo pueden concordar la razón y la fe?
Aristóteles enseñó en Atenas en el siglo IV a. C. Sus obras fueron comentadas en el mundo islámico y judío por Averroes y Maimónides, y llegaron a las universidades europeas, donde Tomás de Aquino las unió a la teología cristiana. Guillermo de Ockham cuestionó parte de ese edificio. En el mundo ibérico, Francisco Suárez, Juan de Mariana y Bartolomé de las Casas aplicaron la tradición al derecho y la política, y Antonio Vieira la llevó al púlpito. En el siglo XX, Elizabeth Anscombe renovó la ética de las virtudes.
Ideas centrales
Todo ser tiene una naturaleza y una finalidad propias
La felicidad viene de vivir según las virtudes
La razón y la fe pueden ir juntas sin contradecirse
Para empezar a leer
El libro de entrada de cada pensador, elegido para quien empieza.